¿A cuántos clientes puedes renunciar si subes el precio?
Casi nadie sube precios por la misma razón: el miedo a los clientes que se irían. Es un miedo razonable y rara vez se mide. Y resulta que se puede medir exactamente.
La pregunta está mal hecha
«¿Se me irán clientes si subo?» no tiene respuesta. Depende de tu mercado, de tu competencia, de lo bien que trates a la gente y de cosas que ningún número sabe.
Pero hay una versión de esa pregunta que sí tiene respuesta exacta: ¿cuántos pueden irse sin que yo pierda nada? Esa es aritmética, no adivinación, y cambia por completo la conversación. Dejas de preguntarte si te atreves y empiezas a preguntarte si el riesgo cabe dentro de un número que ya conoces.
Subir y bajar no son la misma operación
Aquí está lo que más sorprende cuando se ve por primera vez. Con un margen del 20 %, subir el precio un 10 % te permite perder un tercio de tus clientes y seguir ganando igual. Bajarlo ese mismo 10 % te obliga a vender el doble para no ganar menos.
Los mismos diez puntos. Direcciones opuestas. Consecuencias que no se parecen en nada. Y no es una regla aproximada ni una opinión: es la misma división con el signo cambiado.
Lo que esa asimetría significa en la práctica es que una subida te da margen de error y un descuento te obliga a acertar. Casi siempre se elige la segunda, porque parece la decisión prudente. Es la contraria.
Calcúlalo con tus números
Cuatro datos tuyos. Ninguna media del sector, ninguna cifra que caduque.
Rellena los cuatro campos y pulsa Calcular.
La columna de la derecha es el mínimo para quedarte igual que hoy. Todo lo que vendas por encima de esa cifra es dinero nuevo.
Esto no predice cuántos clientes se irán: te dice cuántos pueden irse. Son cosas distintas y la segunda es la única que se puede calcular. Lo que hagan tus clientes depende de cosas que ningún número sabe, y por eso la forma sensata de averiguarlo es probar en una parte de tu cartera antes que en toda. Al pulsar Calcular se registran de forma anónima tu margen, la subida que has probado y dos tramos. Los importes en euros no salen de tu navegador: ni el precio, ni el coste, ni lo que facturas. Tampoco hay correo, ni dirección IP, ni cookies.
Lo que el número no te dice
La calculadora te dice cuántos clientes pueden irse. No cuántos se irán. Es una distinción que conviene tener clara antes de tomar ninguna decisión, porque lo segundo no lo sabe nadie.
Lo que te da es un presupuesto de riesgo. Si puedes perder el 20 % y tu instinto dice que se irá el 5 %, tienes margen de sobra. Si tu instinto dice que se irá la mitad, ese instinto merece que lo escuches o que lo pongas a prueba, pero ya no estás discutiendo a ciegas.
Cómo comprobarlo sin jugártelo todo
No hay que subirle el precio a toda la cartera el mismo lunes. Hay formas de preguntarle al mercado en pequeño:
En los tres casos el coste de equivocarte queda limitado a ese trozo, y el número de la calculadora te dice exactamente cuánto puedes perder dentro de él antes de que la subida deje de compensar.
Por qué el margen importa más de lo que parece
Cuando subes el precio, el margen sube más deprisa que el precio. Subir un 10 % un producto con un 40 % de margen te lleva el margen al 45,5 %, porque el coste no se ha movido: todo el aumento va entero a lo que te queda.
Y ese margen no es el premio, es la defensa. Es lo que te permite aguantar un mes flojo, un proveedor que sube, un cliente grande que se va o una avería. Un negocio con margen tiene problemas; un negocio sin margen tiene emergencias.
Qué hacer con esto esta semana
De dónde sale esto
Es el reverso de la calculadora de ofertas: la misma aritmética mirada desde el otro lado. La guía de precios y márgenes explica por qué el precio es la única decisión que toca todas las demás a la vez, y Ningún precio es inocente va entero sobre eso.
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